Tito Vilanova recogió un legado muy difícil de sostener, su maestro y antecesor, Pep Guardiola, llevó al club catalán por una senda plagada de triunfos, un camino victorioso que parecía no tener fin mientras Pep se sentara en ese banquillo.
Tras su marcha, Vilanova, que fue segundo entrenador en la última etapa más gloriosa del club, cogió las riendas con el objetivo de que las comparaciones no le dieran como perdedor ante su maestro.
El papel era un sueño de aquel que aspira a llegar a lo más alto tras una oportunidad. A su vez un marrón. El marrón que significa ser aprendiz de un caballero que dio todo a su pueblo. Las comparaciones son odiosas y Tito, por mucho que lo contradiga el club, las perdía y las sigue perdiendo todas.
En su primer año va a arrebatarle una Liga al Real Madrid de Mourinho y el barcelonismo inundará Canaletas, pero todo esto sin dejar de pensar que su máximo rival se lo ha comido en el cuerpo a cuerpo y que en su salida a Europa ha dejado mucho que desear.
Tito es del club, uno más, y parece impensable que el día que deje de sentarse en ese banquillo haya algo más que un mutuo acuerdo. Pero lo cierto es que ni el juego ni los resultados acompañan. No hay nada más tras una Liga que no va más allá de la inercia que marca ser el FC Barcelona, sin eliminar el pensamiento que dicta que el Real Madrid siquiera la peleó.
La continuidad es una regla que marca el camino del banquillo blaugrana. Los antecedentes dictan que la confianza en Tito está asegurada y eso significa que hay que limpiar de piedras el camino hacía el éxito sin que el banquillo sea señalado.
Pulir detalles y renovar una plantilla que envejece silenciosamente deben ser los primeros pasos. El club siempre se refugia en su filosofía y esta no es mas que la marca Guardiola. Tito vivió la época en primera persona, de cerca, y él sabrá como hacerlo.
El FC Barcelona es un club histórico, las grandes victorias relatan su flamante pasado y ante si tienen un libro abierto con páginas en blanco pero apunto de ser manchadas de tinta. Ante si, la posibilidad de protagonizar el partido más recordado de los últimos tiempos titulando el hito de glorioso. La otra opción no es más que resignarse a vivir un mero trámite.
Difícil, incluso imposible. Las posibilidades son mínimas pero el club tiene ante si la posibilidad de marcar un punto y aparte en su historia. El fracaso de Munich es ya insalvable y la eliminación puede ir de la mano de un buen sabor de boca. Solo si el reflejo recuerda a tiempos mejores. Morir de pie puede significar el inicio de una nueva era que tatúe al Barcelona en las páginas mas brillantes de la historia del fútbol. Se parte de la derrota, en la victoria está la gloria.
Por @milcientoques





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