lunes, 22 de abril de 2013

Una clase bárbara

El Real Madrid se refugiará esta semana en su juego para dar el último paso que le lleve a la final de Wembley. El equipo blanco quiere sentenciar en Dortmund y lo intentará a lomos de Cristiano y Özil, que disfrutan de un momento de forma extraordinario.

Özil celebra un gol

El portugués no nos sorprende pues está rindiendo a ritmo de mejor jugador del planeta. El alemán, por su parte, está maravillando al mundo y cada día más se consolidad como jugador de talla mundial. Como dijo Pepe Mel el pasado sábado: “Mesut Özil es uno de los grandes no valorados de la Liga”.

Özil personifica el talento puro, lo que le hace capaz de poder de decisión, poder que puede encarrilar un partido. Porque Özil no siempre está ahí, no se muestra continuamente y esto no quiere decir que desaparezca, pues no está pero tampoco se ha ido, y es capaz de aparecer para ser letal, para decidir, y eso lo permite su calidad. Inmensa.

Özil celebra un gol junto a Cristiano Ronaldo

A veces aparece, a veces no. Pero siempre está ahí y los rivales lo saben. Quizá haya días en los que la calidad se esconda y aflore con cuentagotas, pero si Mesut decide esparcirla por el césped, el rival se aterroriza, es decisivo.

El arte del pase encarna en Özil una versión que llega a deslumbrar. El alemán disfruta y hace disfrutar. Regala asistencias a diestro y siniestro y sus lecciones de clase alcanzan lo magistral. Decide y asombra, abre bocas a la vez que decanta a su favor, vuelva la balanza, desgarra líneas para matar con el balón.
A su alrededor todo es más perfecto, hace mejor al que ya es bueno y su buen hacer se expande al conjunto. Mejora al equipo como un buen decorado embellece un espacio.

Es un eslabón, eslabón perfecto entre el ataque y la red. Entre el mediocampo y el más adelantado, es su zona y se mueve con fluidez. La abarca toda, siempre correcto, siempre elegante. No hay error pues la precipitación no existe en su diccionario. Avanza si es seguro, retrocede si es necesario.

Las pulsaciones del Real Madrid marcan el ritmo que decide Mesut. Se hace con el reloj, el tiempo es suyo y sus pies las agujas que controlan la velocidad del esférico. Si lo tienes delante cuidado, pues la decisión que tomes puede ser siempre la errónea, piensa rápido y ejecuta como los ángeles.
Es el hombre 10, el número 10 y su mejor momento de forma coincide con el del equipo. Completa los partidos añadiendo los ingredientes del éxito y se ha convertido en el príncipe de la asistencia. Con 9 goles se está destapando en el área y no hay nada que se le escape.

Mesut Özil es una excusa para ganar, un argumento para alcanzar la victoria.

Detalle magistral de Mesut

Atrás quedaron aquellas críticas de Mourinho, que le faltaba calidad decía el portugués. No, a Özil no le falta calidad pues le sobra, le faltaba tiempo. Tiempo para decidir a mostrarse como el mejor en su posición, tiempo para surgir.

El Real Madrid se la juega mañana en Alemania, pero con lo que no cuenta el equipo de Klopp es que el mejor alemán juega de visitante y viste de blanco. Mesut Özil, dueño del tiempo.

Por @milcientoques

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